Tengo enormes problemas con la película en sí, tanto en ejecución como narrativamente, pero me genera un interés considerable la traslación del terror a la male gaziness, y como ésta se abalanza sobre cualquier atisbo de identidad femenina para destruirla y resquebrajarla hasta que no quede otra cosa que polvo y sangre. Es genuinamente terrorífico asistir a la destrucción del carácter franco y empírico de Nikki, mientras el egoísmo y la codicia de Bear va incrementando proporcionalmente a la demolición física del personaje de Inde Navarrete. Ella, arrebatada de su idiosincrasia, logra romper por un instante el hechizo, implorándole a su pareja que acabe con ella. Él, incapaz de asumir su condición de psicópata emocional, rehuye de una sentencia que, de formalizarse, rompería por completo con su conducta acobardada y narcisista.
El entorno social de Bear, cómplice de una situación que intuyen como anómala, desvía también la mirada, encontrando de esa manera un juicio final que regresa como un boomerang al veredicto que se formalizó al romper la barrita de madera. Una barra que se partió en dos para evitar la confirmación de un hombre solitario y avaro, que prefiere el sufrimiento ajeno al propio. Si no me ama nadie, que nadie pueda ser amado. Es la película que alucinaría a completos dementes como Elliot Rodger. Dicho lo cual, despejando a un lado el interesantísimo debate que propone sobre la apisonadora masculinidad sobre el género femenino, sigue siendo un debut repleto de ideas que en muchas ocasiones no alcanzan su fruición, sostenido gracias a la legendaria interpretación de una Inde Navarrete en una breakthrough performance de época. Su agente ya estará recibiendo llamadas a destajo.
Una exploración de la absoluta incapacidad de un hombre para reconocer la humanidad y la vida interior de una mujer, llevada hasta extremos crueles. Al volver a verla, me pareció dar con el elemento que la distingue de otras producciones surgidas del salto de YouTube al cine. En lugar de limitarse a provocar, Obsession sumerge al espectador en una sensación de incomodidad constante que no deja de crecer. Curry Barker camina sobre una cuerda floja: a veces se inclina hacia el humor y otras hacia el horror, pero nunca permite que olvides que todo lo que hace Bear es profundamente abusivo y moralmente repugnante.
Volviendo a la demoledora escena a la que hacia referencia en el texto anterior y que ocurre casi al final de la película, Bear recibe unos mensajes urgentes de Sarah, otra compañera de trabajo que está enamorada de él y que lleva tiempo preocupada por su comportamiento. Le pide que se vean de inmediato. Para no despertar a Nikki, Bear se levanta de la cama con cuidado. Entonces se produce otro de esos momentos en los que la verdadera Nikki consigue abrirse paso. Mientras su cuerpo sigue dormido, le habla directamente.
—«Bear, por favor, mátame» —le suplica una y otra vez.
Explica que «ella», la entidad que ocupa el cuerpo de Nikki, está dormida. Ruega que la libere de esa prisión infernal en la que permanece consciente de todo el horror que ocurre, pero sin ningún tipo de autonomía. Está condenada a ser una testigo silenciosa e involuntaria de la destrucción de su propia vida.
—«¿Tan malo es estar conmigo?», le pregunta Bear.
—«Yo nunca he estado contigo, Bear», responde Nikki.
Mientras sigue suplicándole que acabe con su vida, Bear se adentra cada vez más en las sombras de la habitación antes de marcharse y dejarla allí. Es un momento de una cobardía deleznable. Y no me refiero solo a la negativa de Bear a enfrentarse al horror que han provocado sus propios actos. Lo que siente por Nikki no es amor, ni afecto, ni siquiera curiosidad. Ni siquiera parece importarle que la persona con la que ha estado todo este tiempo no sea realmente la mujer de la que decía estar enamorado.
Ficha Técnica
Título original: Obsession
Año: 2025
Dirección: Curry Barker
Reparto:
Inde Navarrete, Michael Johnston,
Megan Lawless, Cooper Tomlinson…
Este diálogo entre Nikki y Bear deja claro algo que ya me parecía evidente desde mucho antes: cada vez que estos personajes mantienen relaciones sexuales, Nikki está siendo, en esencia, violada. Incluso cuando para Bear resulta innegable que la persona con la que se acuesta no es realmente Nikki —por esos momentos en los que la auténtica Nikki logra salir a la superficie y expresa su miedo, o por la preocupación de sus amigos, que sin saber exactamente qué ocurre perciben que Bear se está aprovechando de ella—, él sigue aferrándose a esa supuesta «relación».
Lo que hace realmente interesante a Obsession está en la historia de Nikki. La idea de que un hombre al que considerabas tu amigo te arrebate el control sobre tu propio cuerpo y tu propia vida es auténticamente aterradora. No podía dejar de pensar en el miedo y el terror que consumirían a cualquiera obligado a permanecer consciente dentro de un cuerpo que ya no puede controlar, forzado a presenciar una y otra vez encuentros sexuales para los que nunca dio su consentimiento y a contemplar cómo ese mismo cuerpo mata a las personas que ama.
Sin embargo, Barker convierte esa premisa en una tragedia centrada en el viaje de autodestrucción de Bear. La película está tan empeñada en presentarlo como una víctima que desperdicia una línea de exploración mucho más rica y termina enturbiando su propio relato. Cuanto más pienso en la película, más problemático me parece el enfoque que adopta.