Sophie (Frankie Corio) inmortaliza un verano en Turquía a través de la videocámara Panasonic de su padre Calum (Paul Mescal). Él le unta crema solar en la zona cervical mientras ella le ametrallea a preguntas sensiblemente personales. Las vacaciones de un verano cercano al fin de los ’90 marcarán el punto clave en la relación entre un hombre atrapado por la paternidad -una que le resta de igual manera que le suma- y una pequeña de 11 años que empieza a conectar con el mundo que éste viaje le presenta ante los ojos. Su escasa separación generacional hace que, en ocasiones, los residentes del hotel en obras en el que se encuentran alojados, les confundan por hermanos. No es casualidad que la prematura edad de Calum en relación a su hija, esté provocando en él un desbarate emocional que está demostrando ser la tentativa emocional más dura a la que jamás se haya enfrentado.
Existe cierta creencia (errónea) por la cual, parte de la crítica y público que se acerca a descubrir ‘Aftersun’, da por sentado que parte de una autobiografía de Charlotte Wells, la debutante escocesa que resquebrajó a Cannes con su ópera prima. En parte, no estarían equivocados, ya que la propia Wells ha admitido en más de una ocasión haber utilizado ciertos acontecimientos de su etapa juvenil que involucrasen a su padre -al cual perdió cuando apenas tenía 16 años de edad- para dar forma a este trabajo. Pero no, ‘Aftersun’ no nace de un hecho real, sino que se nutre de varios para conformar una fase más en la relación paternofilial entre dos jóvenes almas separadas por ciclos anímicos.
El relato juega con el tiempo, sirviéndose del home footage para rebobinar en el espacio y comprender, a base de pequeños snippets de fragmentos vacacionales eternizados en vídeo, el comportamiento de una figura que a día de hoy -con una Celia Rowlson-Hall encarnado a la Sophie adulta- sigue siendo indescifrable. Calum le sirve cócteles tropicales a Sophie, la colma de monedas para que juegue a las máquinas recreativas, e incluso se muerde el labio cuando ésta le pierde las gafas de buceo que tanto dinero le costaron la semana pasada. Parece desvivirse para que su hija disfrute de una experiencia que no se borre al poco de regresar a Escocia. Y sin embargo, cada vez que Sophie se aleja de su presencia, Calum observa hipnotizado al horizonte, buscando una salida que no parece tener fecha. Sabe que detestarse a sí mismo no le servirá de mucho, pero es incapaz de apartar esa demoníaca sensación.
Es posible que Calum se plantee este viaje como una manera de poner fin a sus pensamientos intrusivos, como un elixir que pueda tamizar sus (cada vez más) incontrolables deseos. Un dolor que se vuelve más lacerante a medida que su pequeña le habla, desde el más absoluto desconocimiento, de los demonios que él trata de ocultar con estoico esfuerzo. Ella empieza a experimentar el desídio, la tristeza y la apatía, mientras él corre en dirección opuesta a esas conmiseraciones que llevan llamando a la puerta desde hace tiempo. Escapar de su propia mente se ha transformado en el único obstáculo que podría demoler por completo este pequeño capítulo que la vida le ha «regalado» para volver a encarrilar el vagón de su travesía existencial. No será fácil, pero Sophie puede ser la llave necesaria para encerrar de una vez por todas al Calum entristecido y humillado por sí mismo.
No sería extraño pensar que el propósito de este trayecto sea diametralmente opuesto para las dos figuras que lo recorren. Fue la propia Wells quien afirmó que, revisando fotografías de uno de los muchos veranos que compartió a solas con su padre, vio una instantánea que capturó su atención. En ella, salía la pequeña Charlotte sentada en el borde de una piscina en algún pueblo de España -qué bonitas costas tenemos, joder-, y justo detrás de ella, una mujer de una belleza indescriptible. Ella parecía ser la protagonista del retrato. Es entonces cuando la propia Wells se preguntaba: «realmente me hizo sugerir quién era el verdadero sujeto de la fotografía». Su padre, al igual que Calum, grabó en imágenes el viaje que realmente le definiría, un sendero dividido entre la libertad y el compromiso.
Ficha Técnica
Título original: Aftersun
Año: 2022
Dirección: Charlotte Wells
Reparto: Paul Mescal, Frankie Corio,
Celia Rowlson-Hall, Kayleigh Coleman…
Y es aquí donde ‘Aftersun’ refulge por encima de su relato humanístico, siendo capaz de inmortalizar la textura del recuerdo a través de la imagen. La lámina electrónica de la video cámara, transforma la memoria en un lienzo desdibujado y nebuloso, que como si de un cuadro se tratase, imprime su legado en el tiempo, y de manera permutable, permite retroceder, pausar o avanazar en cualquiera de los murales de su composición. Desde el estudio y la observación del gesto (o de la palabra) no es sólo Sophie quien podrá decodificar las infinitas capas que conforman la figura de su padre, sino que transportará al espectador a un viaje intímo que jamás ha vivido -al menos de manera presencial- para amparar sus remembranzas y ayudar a cerrar el epitafio de su despedida personal.
Charlotte Wells deja así un boceto tecnológico que pasará a transformarse en el cuadro de todo aquél que desee revisitar su pequeña escapada vacacional a la costa turca, tratando de encontrar el instante, grabado en vídeo -y no el casero, sino el que conforma el montaje de la película- en el que se estableció el punto de no retorno. Sólo entonces será posible abrir las puertas del duelo, con Mercury y Bowie sonando a todo trapo, para dejarse llevar por un último baile, compartimentalizado por fotogramas de apenas medio segundo, en los que Calum se mostrará ante ella como lo que siempre fue, un tipo dispuesto a bailar hasta que las luces dejasen de parpadear.