#70SSIFF (IV): La maternal, Cerdita, La consagración de la primavera...

Por DAVID POLO

Septiembre 21, 2022.

No era fácil la tarea encomendada a Pilar Palomero tras su debut con «Las niñas» hace un par de años, película que le llevó a ganar cuatro Goyas, entre ellos el de mejor película y mejor directora novel. Y sin embargo, su segundo trabajo, «La maternal», es superior a su ópera prima en prácticamente todos los campos. En ella, vuelve a centrarse en una generación juvenil que busca recuperar una inocencia ya perdida, pero en esta ocasión, lo hace partiendo de un suceso secuelar e irreversible. Carla, una niña de apenas 14 años de edad, se queda embarazada por error, y es inmediatamente trasladada a un centro de acogida para madres prematuras y solteras. Y es que ese error que no pretendía ser más que un susto, acaba de sentenciarlas a todas de por vida, con una responsabilidad que ya no podrán revertir ni devolver.

Palomero cimenta un estilo de filmación que bien podría llevar trabajando durante toda una carrera, pero tratándose de su segundo trabajo, sorprende descubrir a una autora con un estilo tan asentado, tan consciente del mundo que rodea a sus personajes y de cuán duras son las situaciones que les toca atravesar. Es de justicia aclarar, que sin el admirable trabajo de sus actrices (la debutante Carla Quílez ofrece un personaje fuerte y arrebatador, pero también frágil y decaído, un trabajo de auténtica orfebrería) sería tarea imposible narrar una historia que requiere de una representación femenina generacional  del hoy, y no del ayer. Es muy probable que «La maternal» se cuele entre alguno de los galardones del festival, y es que, de hacerlo, confirmaría a Pilar Palomero como uno de los talentos más velozmente constituidos de nuestro cine reciente.

Quién sí debuta en el largometraje es Carlota Pereda con su «Cerdita», ampliación del cortometraje del mismo nombre que estrenó hace 4 años. En él, seguiremos la estela de Sara, una chica extremeña que sufre bullying y acoso por parte de los jóvenes del pueblo a causa de su peso. Una tarde calurosa, en la piscina de la aldea, después de que el grupo de chicas que la martiriza, la ridiculice y prácticamente la ahogue, aparece un misterioso extraño que se encargará de impartir justicia a su manera. «Cerdita» es un hito importante dentro de nuestro cine, siendo que el slasher no es un género de fácil ejecución y grácil recepción, pero siento que la decisión de transformar un corto que arrancaba de manera ágil y cerraba con un clímax álgido y sugerente, ha acabado perjudicando a una cinta que prometía ser muchísimo más juguetona de lo que sus tráilers prometían. 

Por suerte, Pereda es plenamente consciente del material que tiene entre manos, y no duda en explotar esa faceta de iconografía que produce el voluptuoso y fascinante cuerpo de Laura Galán al ser ensangrentado y convertido en el de una figura de rebelión y venganza. Su tramo final, es puro cine exploitation, un festival del gore que disfruta recreándose en un pantano de sangre que hasta ese momento no había sido más que un sugerente rastro de migajas de carne que no parecía despegar del todo. «Cerdita» es salvaje y no se compromete con nadie, pero le falta más valentía y vandalismo. No pasa nada, Pereda tiene todo el tiempo del mundo para soltarse del todo la melena, y estoy convencido de que cuando eso ocurra, más nos vale estar preparados.

Ficha Técnica

Título original: Cerdita

Año: 2022

Dirección: Carlota Pereda

Reparto: Laura Galán, Carmen Machi

Pilar Castro, Claudia Salas…

Quién si ha pegado un cambio de rumbo radical es Fernando Franco, que presenta a competición «La consagración de la primavera», su tercer trabajo cinematográfico tras ‘La herida’ y ‘Morir’, dos películas que abrazaban sin edulcorantes la tragedia del agotamiento, la cercanía del fin. En esta ocasión, Franco le da por completo la vuelta a su visión conceptual previa y nos ofrece un film que habla de validación, de compañerismo, de esa extraña sensación de integrarse en un mundo que parece tan ajeno a uno mismo. Y lo hace desde una sensibilidad muy peculiar, sin escándalos ni excesos, adentrándose en un terreno peliagudo como el de la asistencia sexual para personas con diversidad funcional. Y por el camino, narra también con una belleza arrebatadora el despertar sexual e intelectual, la visión propia sobre los entornos externos a uno mismo y, lo más importante, el humanismo que se despierta de vez en cuando en alguien (una Valèria Sorolla a la que dan ganas de tener cerca para charlar durante horas sobre la nada más absoluta) que se siente forastero a ojos del mundo.

Vivir, ayudar a vivir, reír, comer torrijas y dejar que el aire fresco te empuje las mejillas al viajar en ciclomotor. Al final, la vida no es otra cosa que eso.