El personaje que Adela Calvo interpreta en «Entre los márgenes», se graba en vídeo rogándole entre líneas a su hijo que vuelva a casa, minutos antes de vaciar el contenido de un tarro de pastillas al mismo tiempo que vierte agua en un vaso. Lo que ocurre a continuación no es otra cosa que un ejercicio fílmico de cierta bajeza moral. Eso no tiene por qué significar que la ópera prima de Juan Diego Botto no goce de sus virtudes, claramente cargadas a peso por un reparto que se entrega en cuerpo y alma a ese vertedero emocional y de pura indigencia que Botto se ha empeñado en retratar desde la frialdad del privilegio. Pero aún jugando todas esas cartas, el resultado es un filme tan orgulloso de retozarse en la miseria social y política, que pierde por completo la fuerza de su aparente mensaje. Es posible que, en un indeseable acto de acercamiento a la ‘Babel’ de Alejandro González Iñárritu (el cual también presentará su nuevo trabajo en el SSIFF dentro de unos días), la irremediable tragedia que entrecruza la vida de cuatro personajes sin esperanza ni voluntad, vuelva a ser el foco de una fatalidad que disfruta siendo (aún) más mezquina con el paso de los minutos.
Es posible que, por ese mismo motivo, «Modelo 77» se encuentre en el espectro contrario al de la película de Botto. Alberto Rodríguez opta por no definir a sus personajes desde el arranque de la cinta, deja que sea el propio público quien equilibre la balanza de sus actos. Todos ellos parten de un gris ajeno a bondades y maldades, y es ese mismo estado el que les perseguirá cuando los créditos finales corran ya por la pantalla. Botto aprieta y retuerce el concepto de libertad para asfixiar a sus cobayas de laboratorio, mientras que Rodríguez les da alas para volar, pese a encontrarse físicamente encerrados entre celdas inquebrantables. Se respira mucho más libertinaje entre las cuatro paredes de la Modelo que en un Madrid oscuro y deprimente, formado por calles chaboleras y pobres, atestadas por coches y clubes de proxenetas o explotadores.
Ficha Técnica
Título original: Modelo 77
Año: 2022
Dirección: Alberto Rodríguez
Reparto: Javier Gutiérrez, Miguel Herrán,
Fernando Tejero, Catalina Sopelana…
Es curioso como, queriendo dibujar dos entornos oprimidos (uno por defecto, y el otro por inercia) ambos trabajos sean tan diametralmente opuestos. Mientras Botto hace un uso desproporcionado de la pornomiseria, Rodríguez prefiere ampliar las miras de su relato, dotándolo de claroscuros que enriquecen a su ideario político-carcelario. Mientras un grupo de presos recibe día tras día una somanta de palos insoportable, otro grupo de residentes madrileños (a punto de ser desahuciados) se dejan rocíar por el desprecio y la indiferencia de las entidades públicas. Y aunque los primeros se levantan de nuevo, a los segundos nunca se les permite tal hazaña. Da la extraña sensación de que la ópera prima de Juan Diego Botto busca angustiosamente el lamento y el shock por parte del público al que se dirige, uno que, por muy empático que pueda llegar a ser, sigue alejado de una situación que, probablemente, ni ha vivido, ni le tocará vivir.