John Baxter observa los ventanales arqueados que permiten atravesar la luz rojiza del sol tardío. Fuera, en el jardín, el ensordecedor estruendo de la carretilla prensando la hierba reseca se entremezcla con el chapoteo de unas botas de agua cerca del pantano residencial. Todo parece fluir con la normalidad de un atardecer británico. Es entonces cuando el rojo vino se derrama sobre las diapositivas, presagio de la terrible realidad que se consume al flotar el chubasquero carmesí de la pequeña Christine sobre el agua negruzca como las sombras. Una mancha de sangre, a priori, irreparable. Baxter abandona el líquido maldito de su residencia en Inglaterra para viajar al país acuático, Venecia, junto a Laura, su mujer. Los canales sean quizás el conducto visual más sencillo para olvidar. Pero las sombras siempre viajan de la mano de quien las porta, certeza que el matrimonio aseverará al conocer a Heather y Wendy, dos hermanas clarividentes que aseguran que el fantasma de su desdicha, Christine, intenta reconectar con ellos. Las señales parecen inequívocas para un Baxter cada vez más esquizo y perturbado, pero el pasado no dejará de irrumpir en un presente cada vez más ensombrecido.
Considerada cada vez más como una indiscutible película de culto, el tercer largometraje de Nicolas Roeg supuso también su primera incursión en el terror. Un terror que no se adhiere únicamente al propio género en sí, y que podría funcionar como una prolongación de su romanticismo desmoralizado (*Performance*). En tiempos modernos, la famosa escena de sexo entre Donald Sutherland y Julie Christie se aleja del escándalo para caminar entre el lirismo y la sensibilidad carnal, pero sus fragmentos sombríos mantienen una vigencia atroz y pavorosa cincuenta años más tarde. Su mezcla de tonos entre el terror fantasmal, el romance novelistico y el thriller europeo, convierten a *Amenaza en la sombra en uno de los mayores panegiricos sobre el horror tras la pérdida. Si te despiertas empapado en sudor por las noches tras una visita onirica de Hilary Mason y Clelia Matana, no te culparemos. A todos se nos escapa el control del subconsciente cuando estamos en las sombras.
Ficha Técnica
Título original: Don’t Look Know.
Año: 1973
Dirección: Nicolas Roeg
Reparto: Donald Sutherland, Julie Christie,
Hilary Mason, Clelia Matana…
Para muchos, la cinta de Roeg podría ser un preludio bastante cercano a ‘Hereditary’ (Ari Aster), la que, aseguran, es su sucesora contemporánea. La novela de Daphne Du Maurier que engloba el relato corto que inspiró al film: «Not After Midnight», toma prestados varios de los emblemas del thriller melodramático, como «Muerte en Venecia» (Luchino Visconti) o «Locuras de verano» (David Lean), así como del terror que se cuece a fuego lento: «El exorcista» (William Friedkin), «El quimérico inquilino» (Roman Polanski) o «Hermanas» (Brian de Palma).