#72SSIFF (V): Parthenope, Marco, Joker: Folie à Deux...

Por DAVID POLO

Septiembre 29, 2024.

Encarando ya los últimos días de festival, el cansancio y la desidia empiezan a adueñarse poco a poco del cuerpo, y los pocos trabajos que quedan por delante, tienen la difícil tarea de resultar lo suficientemente estimulantes para que tu mente les dedique más de 5 minutos sin querer abandonar la sala para volver a la cama del hotel. Y es precisamente por ello por lo que Parthenope, que justamente aboga por agarrarse al tiempo sin permitirle arrebatarte un minuto, se ha convertido en mi película favorita de esta edición, siendo la única que repetiría dos veces, en un intento desesperado por seguir navegando por los bellos mares de Caprí en busca de aquellas imágenes que perdurasen en mí para siempre, y con la melancólica convicción de que quizás, de esa manera, estos días no terminasen jamás. En esta nueva epopeya ‘italorománica’ de Paolo Sorrentino, seguiremos los pasos de la bellísima Parthenope (una Celeste Dalla Porta que cuesta creer que no sea el ser humano más perfecto en caminar por los confines de la tierra) desde su nacimiento hasta su exploración del amor y el deseo por la hipnotizante Capri y la no tan fascinante Nápoles. Esa joven mujer, que podría hacer un uso indiscriminado de adulteración de su belleza y que, sin embargo, decide no hacerlo por decisión propia, descubrirá que la impasibilidad del tiempo es el único obstáculo que se le pone por delante, y que el pasado fue tan fugaz que recorrer el presente se siente inmerecido. ‘Éramos jóvenes, guapos y felices. Y qué poco duró’, esgrime una compungida  Parthenope, libérrima hasta en sus últimos compases.

Me resulta imposible que alguien no pueda conmoverse profundamente con el sendero explorativo de la juventud libre que propone Sorrentino. Aunque únicamente sea como anhelo de un tiempo que jamás vivieron y que se alza ahora ante ellos como una ensoñación en la que poder adentrarse a vivirlo en carne y hueso. A la película se le puede achacar una prevalencia de lo estético por encima de lo narrativo, permitiendo que las imágenes engullan la personalidad de sus personajes, algo en lo que no podría estar más en desacuerdo. El magnetismo visual de ‘Parthenope’, con una estilización que parece publicitaria, va caminando siempre al borde del abismo, bordeando el filo del ridículo pero jamás sobrepasándolo (una tendencia que ya se ha convertido en sello indispensable del cineasta italiano) e imprime en sus protagonistas una fragilidad que parece ir desacompasada con la grandilocuencia de su entorno. ¿Es posible llegar a amar sin perderlo todo? ¿Está en lo cierto Parthenope cuando dice que ‘El deseo es un misterio; y el sexo, su funeral’? Estoy deseando volver a intentar desentrañarlo cuando me crucé de nuevo con ella, que con total seguridad, será dentro de muy poco tiempo.

Con Sorrentino sentí la veracidad, y con ‘Marco’ (Jon Garaño y Aitor Arregi) planeé por la plasticidad de la mentira y el engaño, el ensayo y la farsa, la veracidad y la estafa. La película inicia con una claqueta del propio rodaje de la película, rompiendo el esquema clásico para poder moldearlo al antojo de sus directores, que la cierran diciendo que esta historia está llena de modificaciones y elasticidades, obligando al espectador a estar siempre alerta, y a trabajar activamente para discernir qué es verdad y qué es ficción. ‘Marco’ fusiona, de manera muy inteligente, imágenes reales de archivo con las de la propia película, creando un mosaico que pese a estar confgurado por dos planos de realidad distintos, se funde tan orgánicamente que casi podría parecer un todo. ¿De qué va ‘Marco? La historia sigue los pasos de Enric Marco, un sindicalista español que llegó a encabezar la presidencia de la Asociación Española de Víctimas del Holocausto sin haber estado encarcelado jamás en un campo de concentración. Un narcisista desacomplejado, un mentiroso radical y un titiritero de la cotidianeidad. 

Nadie podía garantizar la existencia, o mejor dicho, la necesidad de un biopic sobre esta figura tan perversa de la memoria histórica de nuestro país, y sin embargo, es la interpretación de un colosal Eduard Fernández la que de repente permite cobrar sentido al proyecto. Es impresionante la manera que tiene Fernández de fusionarse en cuerpo y alma, doblegando e inflexionado su dicción hasta alcanzar una simetría estremecedora, la que por momentos permite estar viendo de nuevo a Enric Marco en vida. El propio largometraje juega con el borrado de recuerdos (al inicio de la cinta veremos una foto de la mujer e hija de Marco, tapadas, como si se avergonzasen de haber formado parte de la creación del monstruo) o el difuminado de los mismos, igual que la tendencia de Marco por autojustificar unos hechos, una vez ya destruido su castillo de naipes, totalmente indefendibles. Es quizás cuando cabría preguntarse si realmente estamos preparados como sociedad para aguantar la embestida de una artimaña bien ejecutada o si, por el contrario, volveríamos a caer en la misma trampa de ratón con una facilidad pasmosa. Y eso es algo que ni siquiera Garaño y Arregi  son capaces de desentrañar.

Ficha Técnica

Título original: Parthenope

Año: 2024

Dirección: Paolo Sorrentino

Reparto: Celeste Dalla Porta, Stefania Sandrelli,

Gary Oldman, Silvio Orlando…

Me sabe mal tener que poner fin a estas crónicas hablando de un trabajo tan poco estimulante como ‘Joker: Folie à Deux’, la película sorpresa de este año en el Festival de San Sebastián. Para sorpresa (de nadie) la decepción que nos llevamos viéndola, encontrándonos frente a una secuela vacía, desalmada y completamente innecesaria. Tampoco ayuda que el propio equipo de la película se empeñase de manera activa en esconder su condición de musical, quizás el único aspecto que podría transformarla en una continuación que aguantase por su propio peso sin necesidad de recordar de manera ametrallante y fatigosa al film que la precede (Philipps mete literalmente flashbacks completos de la primera parte, sin ningún tipo de vergüenza ni acritud). Este ‘Joker: Folie à Deux’ finalmente se descubre como un tedioso receptáculo sin un ápice de valor crítico (algo que la primera, como mínimo, sí tenía), escondido entre las bambalinas de un género que también parece detestar. Todd Philipps (y probalmente Joaquin Phoenix también) han preferido darle la espalda al debate que generaba ‘Joker’ (2019) acerca del clima político y de las instituciones que lo empoderan, arrinconando y alienando al que no se ajuste a la matriz deseada. Esa marginalización provocaba una rebelión pública contra los estatutos de poder (una tesis que fue arrebatada de manera injusta por un sector masculino con cierta tendencia a no ducharse) que abría el camino para una segunda parte que abordase con mayor precisión el sistema judicial y penitenciario actual. 

Por el contrario, al tratarse de un musical que prefiere centrarse en la historia de amor entre dos parias (Arthur Fleck y la enigmática Lee), aparta por completo cualquier espíritu crítico, transformando a la cinta en una anti-secuela que por querer disfrazarse de radical y distinta, termina por convertirse en un ensayo tremendamente aburrido y convencional. Ni siquiera sus números musicales son capaces de despertarla del letargo. La brecha que se abría en su precuela sobre las enfermedades mentales parece ser el único punto a desarrollar en esta segunda parte, y aún así, queda colgado y a medias. Lo que sí puedo afirmar sin miedo alguno, es que Phoenix sigue estando absolutamente increíble en el papel del payaso psicópatica, tanto a nivel psíquico como físico (ver su angustiante y absorbido cuerpo por el contorno de sus costillas a punto de reventarle la espalda, es realmente escalofriante). Por lo demás, espero que Joker quede enterrado para siempre (no sólo este, sino todos los que seguro están ya sobre algún documento encima de la mesa de un despacho) y se permita darle fin a un personaje que de tan manoseado, ha perdido por completo su interés.