Tenía que ser Mike Leigh quien se plantase en el ecuador del festival y presentase su canto de cisne, convirtiéndola, por el momento, en mi película favorita de lo que llevamos de festival. Qué preciosa Concha de Oro sería TENDER LOVING CARE. Una película que habla sobre el entendimiento compartido, sobre recibir y repartir, sobre cuidar y ser cuidado. Una experiencia bellísima. En ella se enfrenta al tópico que ha dominado toda su carrera: la práctica y el valor del apoyo comunitario ante un mundo implacable. El resultado final es una de sus historias más contundentes a pesar de su diminuta escala. Es espartana y directa, sin complicaciones argumentales pero rebosante de detalles. Es una exaltación de lo que el amor y la ternura pueden hacer por una persona, y al mismo tiempo una muestra cruel de lo que no pueden lograr. Rosie (interpretada por una habitual de Leigh, Alice Bailey Johnson) ha firmado una suerte de tregua con esos límites, aunque sea una paz más frágil de lo que le gustaría admitir. Es una trabajadora social curtida en mil batallas cuyo nombre refleja un trato afectuoso y cercano. Como recompensa a su compasión, Rosie se premia a sí misma al final del día con una copa enorme de vino en su piso, el cual comparte con Amy, su amiga del alma, que ha vuelto a mudarse con ella tras romper con el impresentable de su ex.
De manera gradual para el espectador, surge una tercera vía para Amy a partir de la dialéctica que Leigh crea entre la carga de su trabajo y la ligereza de su amistad con Rosie. Es una crisis que crece entre esas dos polaridades opuestas, nacida de una crisis matizada y a la vez agudizada por el amor que emana de su núcleo. Ese amor, compartido por los entrañables padres de Amy, Birdie (Marion Bailey) y Geoff (Paul Jesson), ha moldeado la visión del mundo de Amy desde que nació, y ha demostrado ser lo bastante amplio como para dar cobijo a Rosie también. Pero ¿cómo se supone que van a sobrevivir cuando ese sistema de retroalimentación se quiebra? No hay respuestas categóricas aquí, pero hay una frágil belleza que emana al ver a los personajes de Leigh compartir una sensación de gracia mutua, como si llevaran ensayando para este momento toda la vida. Sin un atisbo de histrionismo ni el menor rastro de exceso dramático.
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Hay que ser cautos con WILD HORSE NINE. No es la mejor peli de McDonagh, es su arrebato más político (y por ende, más discursivo) y sus personajes parecen marcianos. Pero vuelve a gozar de un guion impoluto y afiladamente clínico, y de dos actores (unos magníficos John Malkovich y Sam Rockwell) rozando la sublimación. Poco antes del golpe de Estado chileno de 1973, los agentes de la CIA Chris (Malkovich) y Lee (Rockwell) son enviados desde Santiago de Chile a la Isla de Pascua por su jefe, MJ (Steve Buscemi). Entre las icónicas estatuas de la isla, y mientras los compañeros de profesión lidian con sus oscuros pasados y conspiraciones presentes, el nuevo vínculo de Chris con un par de estudiantes rebeldes (una de ellas, la hipnótica Mariana di Girolamo, la EMA de Larraín, productor de la propia película) amenaza con desviar el viaje de todos en este remoto paraíso.
No mentiría si admito que he llegado a sentir cierto escepticismo ante la idea de que McDonagh deje de lado su Irlanda natal para contar una historia sobre la CIA y sus maniobras tras participar en el golpe de Estado chileno. Sin embargo, el resultado final expande el lienzo de McDonagh hacia un terreno más audaz, especialmente dado el trasfondo político del que parte, y al mismo tiempo, logra construir algo profundamente conmovedor a partir de ese afán por asumir la propia mortalidad de sus personajes. Quizá sea lo más cerca que ha estado de evocar a aquella iniciática Escondidos en Brujas. La manera en que combina sus divertidísimos diálogos con una profunda tristeza y una crítica implacable al oscuro historial de la CIA probablemente la convierta en su trabajo más experimental (en detrimento de una cercanía de carácter que aquí parece inexistente). ¿Es su obra más profunda? En absoluto. ¿La más divertida? Tampoco. Pero no deja de ser un intento cuidadosamente ejecutado sobre el western del pistolero, reelaborado desde el prisma del thriller político de los años setenta.
Ficha Técnica
Título original: Wild Horse Nine
Año: 2026
Dirección: Martin McDonagh
Reparto: John Malkovich, Sam Rockwell,
Steve Buscemi, Parker Posey…
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Hace tiempo que no tienes noticias sobre él, y más o menos habías logrado encarrilar emocionalmente tu vida alejad@ de sus garras. Tampoco guardas demasiada relación con tus herman@s, el único remanente que podía mantenerte ligado a la bestia. El tiempo ha hecho que olvides, y el olvido que somatices el dolor hasta que no quede de él más que un lejano recuerdo. Pero de repente suena el teléfono. La voz femenina que suena al otro lado del interfono hace que recuerdes que llevas más de un par de décadas sin madre, y que la persona al otro lado del teléfono fue el motivo por el cual ella ya no está cerca de ti. Te dice lo que no querrías haber escuchado hasta que metiesen tu cuerpo en un sarcófago: tu padre se está muriendo, y solicita que vayas a visitarle en sus últimos días, antes de que su llama se apague del todo. Pero claro, regresar al hogar implica desenterrar del averno todas las pesadillas que habías albergado en sus cajones, esperando no tener que abrirlos de nuevo jamás. Iniciar el viaje hacia el pasado es sinónimo de rebobinar hasta encarnar de vuelta a es@ adolescente que lloraba todas las noches por sentirse un despojo al que ni su padre quería tener cerca.
Visto de esta manera, el argumento de EL MAL PADRE (telita este año con la trilogía de figuras familiares malvadas entre ésta, ‘El mal hijo’ y ‘La mala madre’) podría albergar un abanico de posibilidades que explotasen de golpe en un sociodrama familiar de corte clásico. Pero la realidad es que no es otra cosa que una «Casa en Flames» del Temu. Eduard Fernández regala otra interpretación legendaria como ese padre «monstruoso» a cambio de un guion que no le entrega absolutamente nada de vuelta. Sus tres hijos (Francesco Carril, Adam Jezierski y Meritxell Calvo) hacen lo que pueden (y alguno tiene algún que otro momento destacable), pero no llegan nunca a estar la altura de la presencia de su progenitor, y eso hace que el balance emocional entre todos los integrantes del seno familiar siempre se decante a favor del patriarca.