#73SSIFF (IV): Estrany riu, Flores para Antonio, Jay Kelly...

Por DAVID POLO

Septiembre 23, 2025.

Siempre es motivo de celebración ver a un realizador novel (y encima catalán, de mi tierra) colarse entre las grandes filas para presentar su ópera prima en un festival de la talla de Venecia y salir con un premio bajo el brazo. El círculo se cierra aún más cuando presenta «Estrany riu» en la categoría de Tabakalera, lugar que dio inició a sus andaduras (estudió en la Elías Querejeta Zine Eskola) y que ahora le recibe como un cineasta al que tener en el punto de mira. En su debut en el largo, Muxet narra un verano familiar por Alemania, en el que un matrimonio y sus tres hijos bordearán el Danubio con sus bicicletas, acampando en diversos lugares en el que, aparentemente, puede ser el último viaje veraniego que los cinco puedan compartir. El mayor de los niños, Dídac, está empezando a experimentar la llamada de la adolescencia y el amor, y durante una de las muchas paradas del viaje, cruzará sus ojos con otro joven de su misma edad que también deambula por esos terrenos naturales. Entre ellos se despertará una intimidad que les cambiará para siempre.

Si bien es cierto que la obra está innegablemente conectada a la propia experiencia del director (y, por tanto, probablemente nos perdamos en alguna de las divagaciones impresionistas que ocurren a lo largo de todo el metraje) y entiendo que, a su despertar sexual, «Estrany riu» me encandila cuando decide enfocarse en esa pirámide estructural familiar, en la que asistimos a un parentaje honesto, sin juicios, propenso a la experimentación y la búsqueda personal. También el vínculo entre los dos hermanos mayores, que no permite interpelaciones ni extrañezas, y que solo nace de la inocencia y el respeto por el prójimo. El primer largometraje de Muxart no es perfecto, pero tampoco necesita serlo, y distinguiéndose de otros debuts, en este se crean lienzos por segundo, imágenes expresionistas desde la sencillez del encuadre y a mirada. La de un joven Jan Monter que se descubre como una promesa catalana a tener muy en cuenta. 

Es curioso como, año tras año, las propuestas documentales que se presentan a lo largo del festival, siempre acaban siendo los visionados más emocionales y estimulantes de la programación entera (repasando los últimos años, recuerdo «La memoria infinita», «Jane par Charlotte», «Tardes de soledad» y la reciente «Historias del Buen Valle» de Guerin, la cual podré ver en las próximas horas pero que ya está despertando pasiones). «Flores para Antonio» no es otra excepción, y es que esta exploración sobre la figura del cantautor Antonio Flores, se ha destapado como una de las grandes joyas del festival. Un muestrario gigantesco del talento de un artista que vivió repleto de amor y murió porque se le agotó (o mejor dicho, se fue de la mano de su madre, Lola Flores, apenas catorce días antes de su fallecimiento).

No esperaba que la caída a los infiernos de Antonio Flores fuese capaz de sobrecogerme de la manera en que lo hizo, pero todo el Principal salía a desayunar con un nudo en la garganta. Elena Molina, Isaki Lacuesta y Alba Flores, videocámara en mano, realizan una proeza documentaria en la que indagan en el crecimiento, fama y recaídas del varón Flores, y en el proceso, tratan de entender los motivos que le llevaron a abandonar este mundo de manera tan prematura. A través de entrevistas (a Rosario, Lolita, Juanito ‘el Golosina’, Sabina, Carmona, etc…) y de un infinito torrente de imágenes de archivo (quizás el uso excesivo de las mismas podría ser el único bache de una, por el contrario, estupenda película), se irá destapando poco a poco la indescifrable figura del hijo del pescaílla, a la vez que su hija Alba va cerrando las puertas necesarias del perdón definitivo. Es la historia de un padre y una hija, sí, pero también la de una madre y su pequeño. 

Ficha Técnica

Título original: Flores para Antonio

Año: 2025

Dirección: Elena Molina & Isaki Lacuesta

Reparto: Alba Flores, Lolita Fores,

Rosario Flores…

Era difícil afrontar con esperanza el último trabajo de Noah Baumbach, un cineasta capaz de alcanzar cotas de maestría inmensas con trabajos como «Marriage Story», «Frances Ha» o «The Squid and the Whale», pero también tocando fondo con propuestas tan frívolas y vanas como «Ruido de fondo» (el trabajo previo a esta «Jay Kelly»). En la misma, seguiremos los pasos del veterano actor al que da nombre la película, en un viaje por Europa (en coche, en tren, a pie) para recoger un premio en Toscana a toda su trayectoria. Kelly lleva semanas replantéandose su trabajo como intérprete, y empieza a cuestionarse todas y cada una de las decisiones que le han llevado a donde está. Junto a él, su Sancho Panza particular, el neurótico pero afectuoso Ron (un Adam Sandler impresionante, estrella absoluta de la cinta) y todo su séquito de managers, capitaneados por el personaje de Laura Dern. Jay quiere invitar a su familia a la entrega del premio, pero lleva años sin hablarse con su padre, su hija mayor Jessica (Riley Keough) le reprocha el que se alejase de ella para dedicarse al mundo del espectáculo, y su hija pequeña Daisy (Gracy Samuel) quiere disfrutar de una juventud alejada de adultos que la repriman.

Es curioso el montaje de esta «Jay Kelly», alargado y lleno de baches de distinto calado emocional. Es una película imperfecta, como su personaje titular, pero muy consciente de aquello en lo que quiere detenerse a reflexionar. Quizás, y aún con sus defectos, me parece la película más bonita, deprimente y crepuscular de todo el festival. Una road trip que bien podría funcionar como una feel-good movie, o bien todo lo contrario: como epitafio existencialista con una melancolía hiriente que supura por cada una de las grietas que conforman el rostro de Clooney. Hay escondida en ella una belleza austera, generalmente representada por los flashbacks de Jay, en la que se encuentra la posible solución al estudio de la cinta sobre la soledad y los reinicios (algunos de ellos, totalmente imposibles). Es todo aquello que pudimos ser y que escogimos no hacer. Puede que como propuesta no le funcione a la gran mayoría de público que se acerque a ella, pero sí es evidente que se trata del mayor canto de cisne posible a la única estrella viva del Hollywood contemporáneo: George Clooney. Imposible no emocionarte a raudales con la escena que cierra la película. 

Y de no hacerlo, haz como Kelly, gírate a cámara y suelta aquello de «¡Una más! ¿Podemos volver a empezar?».