#73SSIFF (III): Los Domingos, La voz de Hind, Bugonia...

Por DAVID POLO

Septiembre 23, 2025.

Suenan campanas de Concha… o eso es lo que me gustaría creer al estudiar las reacciones tanto dentro como fuera de sala de «Los domingos», tercer largometraje (si no contamos a su maravillosa serie «Querer» como uno de ellos) de Alauda Ruiz de Azúa. En él, Ainara, una joven vasca de 17 años, se enfrentará a un dilema crucial al proponerle a su familia la posibilidad de convertirse en monja de clausura en lugar de estudiar la carrera universitaria que ellos desearían. Ainara siente cada vez más cerca la voz de Dios, mientras que su tía Maite (una vez más, una espléndida Patricia López Arnaiz) considera que la adolescente únicamente está pasando por un tránsito identitario del que pronto se desentenderá. Pero las constantes idas y venidas de la joven al convento en el que ha empezado a descubrir su vocación y las tensiones familiares que se cruzan entre los distintos miembros del seno doméstico, harán que poco a poco, esa propuesta que parecía un capricho pasajero, se formalice en una realidad irrevocable. 

No esperaba salir así de profundamente conmovido del pase (¡y menos en una sesión mañanera a las 08:30h!) pero Alauda Ruiz de Azúa vuelve a poner la sensibilidad por delante de la razón, erigiendo la que, probablemente, sea su película más depurada hasta la fecha. Es muy complicado adentrarse en cualquier estructura familiar sin separar el respeto de la responsabilidad, y eso es algo que Azúa permite desplegar sin prejuicios ni críticas. Pero claro, a estas alturas ya no debería sorprenderle a nadie la capacidad de Alauda por indagar en el humanismo más endeble de los constrictos hogareños. ¿Es justo permitir que nuestro relativos más cercanos exploren opciones y se equivoquen o forma parte de nuestra responsabilidad el que enderecen sus prioridades y reconduzcan sus esfuerzos? La película no se encargará de resolver ninguno de los dos senderos, y te invitará a replantearte ambos con firmeza. En mi sala, varias personas vitoreaban los alegatos más conversadores (o coherentes, depende de como lo vea cada uno) del personaje de López Arnaiz (claramente ateo) mientras que murmuraban improperios cuando las monjas hacían acto de presencia. Es normal, cuesta mucho derribar nuestras barreras, de igual manera que cuesta dejar entrar ideas tradicionales y herméticas. Solo películas que generen debates tan encendidos como el de esta, pueden ser merecedoras de una Concha de Oro. Y sino, que se lo digan a Serra el año pasado.

Otra de las películas que sin duda generará un debate encendido es la recién proyectada en Venecia, «La voz de Hind», recreación del suceso acaecido el 29 de Enero de 2024, en el que los voluntarios del grupo de ayuda Media Luna Roja, intentaron por todos los medios rescatar a Hind Rajab, una niña palestina de 6 años que había quedado atrapada bajo las ruinas de un coche destrozado a tiros en pleno conflicto armado en Gaza. Ella tiene un móvil con el que llama a la IFRC, mientras que los voluntarios intentan mantenerse en línea con ella mientras mandan una ambulancia al punto de recogida. La polémica surge a raíz de la decisión de mantener los audios reales de Hind al teléfono, mientras que se decide «ficcionar» (o mejor dicho recrear/teatralizar) el resto de la propuesta. Un movimiento que muchos consideran cuestionablemente ético y de dudosa moralidad, mientras que otros creen que es inherentemente necesario para hacer llegar ese grito de ayuda inminente.

Es difícil tomar bandos en este partido, pero de hacerlo, tengo bien claro que me encontraría en el segundo. Al salir de la proyección de la película en el Teatro Principal, escuché a varias personas argumentar que no serían capaces de poner en juego su integridad tras observar lo acontecido en pantalla, entendiendo la necesidad de visibilizar esta terrible tragedia en tiempo real pero condenando los dispositivos utilizados para hacerlo. Llamadme loco, pero a estas alturas de la partida, continuar con un debate sobre ética no solo me parece absurdo, sino tremendamente deshonesto. No me creo ninguna de esas afectaciones particulares, mucho menos las íntimas heridas que muchos decían sentir, agarrándose con orgullo el pecho como si fuesen caballeros de armadura dorada, paladines de la justicia que genera la comodidad de una butaca de cine en mitad de un festival. Un despropósito absoluto, si me lo permitís. Lo que si hubiese sido moralmente cuestionable es ficcionar la propuesta completa, erradicando el tormento de esos audios tangibles y tan dolorosamente auténticos. Y supongo que eso es lo que le jode a la gran mayoría: el sentir que su irrefutable e impenetrable orgullo como seres humanos no está por encima del cuerpo mutilado de una pequeña cría llorando gritos de auxilio ante la impasividad del mundo y, por ende, de ellos mismos. 

Ficha Técnica

Título original: Los Domingos

Año: 2025

Dirección: Alauda Ruiz de Azúa

Reparto: Blanca Soroa, Patricia López Arnaiz,

Miguel Garcés, Nagore Aranburu…

Para relajar un poco el ambiente de dos películas tan disidentes como las de arriba, quizás lo mejor sea olvidarse de controversias y disputas y lanzarse al absurdo sin arneses. Quizás por eso la última de Yorgos Lanthimos, «Bugonia», gustó tantísimo en su primer pase del festival. La cuarta colaboración entre el cineasta griego y la doble oscarizada Emma Stone, es un remake de la película surcoreana «Save the Green Planet!», en la que un par de misfits conspiranoicos secuestran a la poderosa presidenta de una compañía farmacéutica, alegando que se trata de un alienígena enviado a la Tierra para destruirla dentro de tres días junto a su nave nodriza. Una vez capturada, le rapan la cabeza para «incomunicarla», la atan a un camastro en el sótano e intentan convencerla de que contacte con su especie para que cancelen el ataque al planeta.

Visto de esta manera, es difícil no sentirse atraído por la singularidad de su premisa, quizás la más lunática de toda la filmografía del realizado griego. Pero, por desgracia, una vez adentrados en el hueso central de su temática anticorporativa y misántropa, se descubre una sátira desorientada, cóncava, mucho menos divertida de lo que cree ser y muy (pero que muy) estúpida. Es indudable que la carga del metraje corre a las espaldas de esas dos bestias interpretativas que son Jesse Plemons y Emma Stone, sin los cuales la propuesta carecería aún de mayor sentido, pero se antoja en Lanthimos una deriva preocupante, una refinación de su modelo del absurdo cada vez más violentamente innecesaria. Si su tercer acto pretendía derribar los constructos rigurosos de su alegato contra el sistema sanitario y las figuras de poder para poder mofarse de todo ello como aquel que dice sentirse interpelado por las injusticias jerárquicas pero que en el fondo ‘tampoco son pa tanto’, demuestra ser un cineasta que tampoco se toma demasiado en serio a su público, ya no digamos a su propia retórica.

Al menos sabemos que a los ¿aliens? les encanta desgañitarse la garganta cantando a Chappell Roan.